Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

18 marzo, 2012

Jorge Luis Borges



Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


Jorge Luis Borges, Los justos

02 mayo, 2011

Juan Planas Bennásar - Los Lugares del Sitio


- Reseña de Los Lugares del Sitio (Poesía eres tú, 2011), de Juan Planas Bennásar, en Ojos de Papel, mayo de 2011.

22 diciembre, 2010

Homenaje a Ernesto Cardenal


Este año 2010 cumplía 85 el sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (1925). Uno de los homenajes que le han hecho en su Nicaragua natal ha sido un sentido documental titulado Radiantes, que recoge varias reflexiones de este polifacético pensador y la lectura por parte del propio Cardenal de algunos fragmentos de su famoso Canto cósmico. A los escasos y selectos lectores de este blog que no conozcan a Cardenal les recomiendo que vean el documental y que descubran al hombre que escribió versos como estos:

Si tú estás en Nueva York
en Nueva York no hay nadie más
Y si tú no estás en Nueva York
en Nueva York no hay nadie

07 diciembre, 2009

Juan Planas Bennásar - Tratado de las cosas sin nombre


Leo por tercera vez en veinte días el nuevo poemario de Juan Planas Bennásar, Tratado de las cosas sin nombre (Calima Ediciones, 2009). Lo leo después de haber disfrutado este pasado verano con la lectura de otros libros de Juan Planas y después de haber asistido a la presentación de este último poemario en Valencia, hace tan sólo unos días.

Como dije aquí mismo, hablando de
El bálsamo de la indiferencia (Calima Ediciones, 2008), por mi condición de historiador y de crítico literario dedicado sobre todo al género ensayístico, la cantidad de poemarios que integran mi régimen personal de lecturas suele ser bastante magra. No quiero decir con esto que los historiadores no lean poesía; quiero decir que en mi caso, mis obligaciones lectoras me alejan de un género al que últimamente, sólo acudo - menos mal - movido por el sincero interés en conocer la voz poética de distintos amigos que todavía alimentan esa parte de mi cerebro que, de otra forma, hace ya tiempo que estaría atrofiada u ocupada en otros menesteres, sin duda menos elevados.

Dicho esto, quiero decir seguidamente que lo primero que me ha llamado la atención de este Tratado de las cosas sin nombre es su marcado perfil autobiográfico y su decidido tono íntimo y personal. Como no oculta el autor en algún momento del libro, este poemario culmina de alguna forma a los que le precedieron, cerrando así un ciclo si no vital, si al menos creativo. Como evidencian unos versos indicativos, se impone un repaso del camino recorrido, un recuento de lo vivido: "Es la hora del recuento en las alforjas / del vacío inventario del vacío. La fiebre / que me venció en Paris o la melancolía / de las aves cruzando Hyde Park [Aquí los nombres / son sólo parte del paisaje y de los estado de ánimo, / un lugar transitorio como la soledad perenne] El sexo / más allá del hastío en Valencia. Las miradas de amor / naufragando en los muelles de Barcelona. El refugio / ficticio en Palma y el hábito de hurgar en las grietas / cómplices de Babel: el error subterráneo de las religiones / y las ciencias".

En esta clave autobiográfica es como también entiendo la multitud de voces presentes entre los versos de este gran poema. Dando en parte la razón a Harold Bloom y a su teoría sobre la ansiedad de la influencia, en el poemario de Planas adivino esas voces de los grandes poetas que pesan cual espada de Damocles; voces que hacen inútil la lucha de todo poeta por desembarazarse de su presencia, de su alargada sombra. En este Tratado no hay, como nos recuerda el autor en su nota final, ninguna instrucción de lectura. No está el protocolario exergo inicial, ni las citas llamadas "de autoridad". Sin embargo, el poema en sí es un ejercicio de polifonía bajtiniana en el que el lector avezado puede entrever muchas caras familiares, muchas referencias veladas a ese "colegio invisible" de cuya maestría es en parte deudora la poesía de Planas.

Por debajo de esta pátina autobiográfica, o quizá por encima, se encuentra la que es sin duda, la lucha fundamental emprendida por el autor en estas páginas; esa lucha, esa pugna denodada no es otra que la de tratar de domesticar el lenguaje, de someter la realidad: "Intentamos domar el lenguaje y así el mundo". Esta tarea que se impone el poeta es, sin embargo, una misión imposible, una lucha quimérica porque, como se resigna Planas: "el mundo es enorme y las palabras / son ajenas a la verdad, salvo si la inventan". La poesía deviene entonces una mera tentativa, un intento del lenguaje por aprehender el mundo y por capturar una realidad construida por esas cosas que no tienen ni pueden tener nombre.

Esa misma incapacidad del lenguaje es en el poema de Planas nuestra incapacidad para hacer nuestro el mundo y para poseer todo aquello que, irremisiblemente, se nos escapa: "Todo nos pertenece / pero no es nuestro. Lo palpamos ajeno y distante, ártico y ensimismado". En estas condiciones, cada segundo, cada milésima ganada, es un triunfo contra la tiranía del tiempo, un robo justificado: "El tiempo nos arrienda los instantes. Se los robamos". En esta lucha titánica del hombre contra lo efímero del tiempo, contra lo arbitrario de la existencia, "un instante apresado es un lunar indeleble", una victoria parcial que presagia la derrota final y definitiva.

Ese es para mí el sentido de este Tratado de la cosas sin nombre elaborado por Juan Planas. Como dije en la presentación del libro, ya desde el mismo título se percibe un lejano pero innegable "aire de familia", nunca mejor dicho, entre el tratado de Planas y el archicitado Tractatus de Wittgenstein. Simplificándolo mucho, es verdad que poeta y filósofo vienen a coincidir en lo fundamental: hay ciertas cosas - esas cosas sin nombre -, ciertos lugares, a los que el lenguaje es incapaz de llegar. No hay manera. Sólo nos queda resignarnos o, como nos dice Juan Planas, segur intentándolo por siempre, sin cesar en un empeño que, aun sabiendo estéril, nos resulta inexcusable: "Nos queda / el desafío permanente y obsesivo / de hurgar en el verbo para hallarle / un nuevo nombre al reino desprendido / de las cosas".


- Fragmentos de Tratado de las cosas sin nombre (Calima, 2009), de Juan Planas Bennásar, en Ojos de Papel, noviembre de 2009 [
aquí].

19 noviembre, 2009

Presentación



Esta tarde, a las 19:30, en la Casa del Libro de Valencia, se presenta el nuevo poemario de Juan Planas Bennásar, Tratado de las cosas sin nombre (Calima, 2009). Allí estaremos.

29 agosto, 2009

La poesía de Juan Antonio Millón



Leo por segunda vez en siete días el poemario de Juan Antonio Millón, Paisaje desde el sueño (Brosquil Ediciones, 2008). Al igual que me sucediera hace unos días con algunos de los versos de Juan Planas, una de las cosas que más me ha llamado la atención en la poesía de Millón y en la lectura que he hecho de ella, es la cantidad de ocasiones en las que he creído ver fielmente descritos, determinados episodios de mi propia biografía. Como persona de naturaleza nostálgica que soy, he sentido una perfecta identificación con muchos de los temas o tópicos literarios en los que el autor insiste repetidas veces. Quizá el mayor y más fuerte de estos sentimientos autobiográficos que me ha refrescado la lectura del poemario, ha sido esa nostalgia de la infancia que - dicen - acompaña a todo ser humano durante toda su existencia adulta y senil y que, en mi caso personal, lleva unos meses anormalmente acentuada. En este sentido, algunos de los versos de Millón [Hoy regresaron de mi infancia / como un confuso eco, / las chicharras y el vehemente silencio de mi abuelo] me remiten a sensaciones que me resultan actuales y cotidianas.

Como dice Jaime Siles en el prólogo, la poesía de Juan Antonio Millón es "una superposición de evocadas ausencias". Efectivamente, la ausencia de los otros y de lo otro, es el leiv motiv fundamental de una poesía que trata de verbalizar, al menos así es como yo le he leído y entendido, esa dialéctica, esa lucha constante, entre el olvido y la memoria [Somos una alma de ausencias vivas, de plenitudes que la vida ha ido abandonando y que nuestra memoria trae a cada instante, arracimándolas en una continuidad sin límites]. La omnipresencia del recuerdo en la obra de Millón, de lo vivido y lo perdido, sitúan al yo poético del autor - como dice Siles - en un no-lugar a medio camino entre el pasado y el futuro, en una tierra de nadie que se debate entre la nostalgia del pasado y el anhelo del futuro: Sutiles versos, / relatos laberínticos, magnos dramas / pincelan nuestras edades, / al dictado de un deseo inescrutable de ese afán de infinito / y esa nostalgia desasosegante.

Junto a esta nostalgia desasosegante, presente sobre todo en "Alcancía", la primera de las tres partes del poemario, otro de los temas o elementos definitorios de la poesía de Juan Antonio Millón es el tema de lenguaje y su incapacidad para reflejar una realidad demasiado fragmentaria y compleja. Especialmente significativos en este sentido son "Límite en el límite" o "Incertidumbre", poema cuyos dos primeros y magníficos versos [Todo semeja falto de totalidad, / parte o mitad de un ser, aún no cumplido] parecen resumir escuetamente, la duda y el desasosiego del hombre moderno.

En la segunda parte del poemario - "Espacios de albor y de espesura" -, esa evocación de la ausencia se traslada a un escenario físico formado por varios paisajes. La sonoridad y la musicalidad de la naturaleza cobran relevancia en unos poemas en los que nos volvemos a encontrar con el motivo de la infancia. A destacar en este desfile de paisajes, un poema con historia como "Arse" - explícito homenaje a la tierra natal del autor - en el que leemos unos bonitos y evocadores versos [Arse, / ser o cíclope, / Muro o montaña. / Piedra rescatada / para una mirada inocente. / Altura / que silabea sin herida / la mayúscula tragedia].

En la tercera y última parte del libro, "Alientos del deseo", el erotismo inspirador y el desamor amargo se vuelven protagonistas. Si Millón empieza esta parte con un sinestésico poema - "Voz y caricia" - en el que tacto y oído, piel y palabra, se confunden [Perfumas las sílabas que pronuncias / tal como la piel de mi cuerpo / acariciado por la dádiva de tu mano / que pulsa, enervado, el sonido de mi deseo.] el libro se cierra con un poema - "Fuiste" - que bien podría ser compendio y resumen de muchos de los elementos presentes en esta poética de la ausencia de Juan Antonio Millón, con la que tantas y tantas cosas he rememorado.


----------------
A modo de suculento aperitivo para aquellos a los que se les haya abierto el apetito lector, reproduzco mi poema preferido del libro:

FUISTE

Fuiste una avenida de álamos
en el tiempo en que la memoria
proyectaba puentes y senderos
ovillando imágenes del recuerdo desatado.

Fuiste mar y malecón, paseo líquido,
río de húmedo silencio y atardecer sonoro.

Fuiste un sueño que meditaba las horas
habitadas de tu presencia inexcusable.

Fuiste la razón de lo que fui
y hoy solo huyo de lo que fuiste.

A través de esa avenida,
de ese mar,
de ese río,
de ese sueño,
ya sin razón de lo que fui o fuiste.

Juan Antonio Millón, Paisaje desde el sueño, p. 82

01 agosto, 2009

La poesía de Juan Planas



Acabo de leer por segunda vez en quince días, El bálsamo de la indiferencia (Calima Ediciones, 2008), último poemario publicado hasta la fecha por Juan Planas Bennásar y primero de una trilogía cuyos restantes títulos - Resumen del cuerpo (Baile del Sol) y Tratado de las cosas sin nombre (Calima Ediciones) - están pendientes de aparecer próximamente.
Antes de comentar lo que me ha parecido, lo poco o lo mucho que he entendido y lo poco o lo mucho que me ha gustado, debo agradecer públicamente a su autor que me facilitara en su día el acceso al libro porque, aunque imagino y deseo que no sea el caso de éste (he puesto arriba un enlace a una librería en donde se puede encontrar fácilmente), reconozco que determinadas librerías valencianas me vienen dificultando más de lo deseable, la tarea de encontrar los escasos poemarios por los que me he interesado últimamente. Sé que no es ésa la causa (ojalá lo fuera), ni es excusa, pero no deja de ser un elemento disuasorio que contribuye a que la gente (incluidos los historiadores; yo el primero) haya perdido la sana costumbre de abandonarse de vez en cuando a la lectura poética, saliendo - como ha dicho el propio Planas - del mundo "ficticio" de la política que tanto nos ocupa y preocupa, y entrando en el "mundo auténtico" que es la poesía.
Dicho esto, debo decir que mis impresiones son las propias de alguien que lee muy poca poesía. Sí, lo reconozco. Mi incultura poética es, haciendo honor al título de este blog, vastísima. No sé si es algo común entre los españoles, si sólo es común entre los historiadores, o si ni una cosa ni otra tienen mucho que ver; pero sí, admito que mi ingenua costumbre de leer a Bécquer, Neruda o Benedetti para intentar ligar por el Messenger ha pasado - visto el nulo éxito de la estrategia - a mejor vida.

En ese sentido, mi lectura de este libro ha supuesto en parte, un reencuentro con un hábito ya olvidado. Y debo decir de entrada, que el reencuentro y el esfuerzo que supone para un lector acostumbrado a la pesada e indigesta prosa que caracteriza a la mayoría de historiadores, ha valido la pena.

A simple vista, lo primero que me ha llamado la atención de El bálsamo de la indiferencia es la estructura y la forma de los versos: la forma en la que el poema está escrito. En este libro de Planas, como en los buenos libros de poesía, la estructura del poema es el propio poema. O parafraseando el título de un conocido libro de Hayden White, es en la forma donde debemos buscar el contenido. Como
ha dicho en alguna ocasión el propio autor, la apariencia de este libro es la de un monólogo en el que la voz del autor se desdobla o, lo que quizá sería más adecuado, un diálogo entre dos voces que son la misma y no lo son, que se superponen unas veces y se contradicen en otras, en una constante lucha dialéctica por prevalecer la una sobre la otra, por imponerse una con su lenguaje a la otra. Porque el lenguaje es, en efecto, protagonista indiscutible de este poemario; el lenguaje creador que nombra las cosas y el lenguaje limitado que es incapaz de decirlas: Habría que quitarles límites a las palabras / y usar su indiferencia como bálsamo / para la fría rigidez de la parálisis. Todo a la vez y nada al mismo tiempo.

Por debajo del lenguaje y dominado por él en todo momento, el tema de la muerte [Desde siempre lo supe. Escribo / porque temo a la muerte / - callejear sus plazas desiertas y luego olvidarlas], y la convicción de que todo esfuerzo es inútil [Aquí yace la raíz, aquí yace el cuerpo. / Aquí la certidumbre de que todo es estéril / el conjuro y la magia, la expectación, la ternura] y toda ilusión, vana. La idea del triunfo - como leo en el último poema - "de la indiferencia sobre la pasión".

Otro hilo conductor del libro (al menos así lo he leído yo), es un recurrente sentimiento que flota en el ambiente y que a mí me inspira la nostalgia de un tiempo - paradójicamente atemporal - pasado, de una realidad que pudo haber sido y - gracias a nuestro empeño - no fue. Sensación de una oportunidad perdida por la especie humana y sensación de vagar a la deriva, sin una meta clara, sin rumbo, indiferentes: Más allá está el mundo / Como nosotros / en paradero desconocido.

Ésa es la sensación que me han dejado los desolados versos de Juan Planas: ni un poso de tristeza pesimista, ni un halo de melancolía enfermiza; sí una sensación de desasosiego y futilidad, de lo absurdo de esa idea trágica de la existencia y lo cómodo que resulta, a veces, nadar contra corriente, a favor de la indiferencia.

---------------------

Y como regalo final, mi pieza preferida (por afinidad temática, ya lo explicaré) del libro:

Ahora somos animales enjaulados.

Nos fue dado encontrar refugio en las selvas
y edificar allí ciudades espantosas,
salpicadas de puentes voladizos,
lianas y cementerios al aire libre.
Vivimos en los túneles cerrados
pero aquí el mal es transparente.

Nunca sabemos cuándo ha de llegar
la triste comitiva del traslado.
Tememos sus camiones de mudanza.

[
Llegan en oleadas imprevistas
y los que han de morir, desaparecen.
Hay en esta liturgia de renovación
la sospecha constante de un engaño
]

No hay forma de echar raíces en el liquen.

Juan Planas Bennásar, El bálsamo de la indiferencia, p. 20


--------------------