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Por diferentes razones imposibles de analizar ahora, España nunca ha sido un país propenso al estudio de las literaturas extranjeras, y menos si éstas procedían de un ámbito tan lejano y extraño como es la Península Escandinava. Sin embargo, resulta evidente que esta situación ha cambiado en los últimos años hasta el punto que, con las reservas debidas, se puede decir que estamos asistiendo, en lo que al mercado editorial español se refiere, a un "descubrimiento" de una literatura nórdica que, como los datos demuestran, se ha puesto de moda. Al margen del éxito mundial y póstumo de Stieg Larsson, son varias las editoriales españolas que, cada vez más, apuestan por traducir textos clásicos y otros menos conocidos, de autores suecos, noruegos, finlandeses o daneses. Mención especial en este sentido merece la madrileña Nórdica Libros, una joven editorial que de la mano de su editor, Diego Moreno, se ha consolidado en muy poco tiempo como una editorial de referencia, gracias a la reconocida calidad de sus cuidadas ediciones y al acierto en la elección de un catálogo en el que conviven autores como Hans Christian Andersen, Isak Dinesen o Knut Hamsun, autor sobre el que, justamente ahora, se acaba de traducir una aclamada biografía. Una de las últimas y más acertadas muestras de este interés editorial por lo nórdico lo constituye la antología de textos de August Strindberg que con el título de Pequeño catecismo para la clase baja y otros escritos, acaba de publicar Capitán Swing Libros, inaugurando así una nueva colección - "Polifonias" -, que ya es la tercera de esta joven editorial y que, por los nombres anunciados (Max Aub, Stefan Zweig, Takiji Kobayashi), se presenta francamente interesante. Como dice el título, se trata de una antología de textos, seleccionados, presentados y traducidos por Francisco J.Uriz, que todavía no habían sido publicados en castellano.Más conocido como dramaturgo y pionero del género teatral que se ha dado en llamar "teatro del absurdo", August Strindberg fue siempre un escritor a contracorriente, poseedor de una personalidad esquizofrénica y ególatra, indisociable de su talante incoformista y contestatario. Pese a ser un autor relativamente desconocido en España, al menos en su faceta ensayística, como autor de panfletos y artículos, basta preguntarle a cualquier sueco informado para saber que estamos hablando de palabras mayores. Aunque el Nobel que le fue negado en vida, por culpa de sus inclementes críticas a la Academia Sueca, tuvo el consuelo póstumo de un funeral mutitudinario y de una fama imperecedera entre el público sueco. Como cuenta Uriz en su presentación del texto, ni su carácter polémico y problemático, ni su condición de agitador de masas, fueron obstáculo para que, con ocasión de la presentación de la edición sueca de sus Obras Completas, el presidente del Consejo Nacional de Cultura sueco calificara a Strindberg de "monumento nacional".Y es que la Suecia de la segunda mitad del siglo XIX en la que vivió y escribió Strindberg, queda muy lejos de esa Suecia actual, paradigma del Estado del Bienestar y del nivel de vida. La Suecia de Strindberg era un país y de contrastes en el que una minoría de clase alta gobernaba a una mayoría de población trabajadora y hambrienta. En este ambiente tan propicio a la huelga y a la revuelta es donde se incribe la aparición de las soflamas incendiarias y la ironía mordaz del provocador Strindberg que vemos en estos textos.El proceso de industrialización que empieza durante este período supone una transforamación que afectará especialmente a los dos colectivos que copan el mayor iportancia en estos ensayos de Strindberg: la clase obrera y trabajadora, que adquiere en este tiempo una mayor relevancia como sujeto del proceso histórico y, por otro lado, las mujeres, que empiezan a hacerse visibles como nuevas protagonistas en esos ámbitos y esferas de la sociedad que, hasta ese momento, le habían sido vetadas. Por estas y por otras razones, por ser una antología de textos escritos con un estilo ácido y corrosivo, de una ironía fina y una provocación subversiva, recomiendo la lectura de este libro de Strindberg a todos aquellos que busquen una primera toma de contacto con un autor peculiar y extemporáneo, hijo de un tiempo que no quiso hacer suyo.
Hasta hace un par de años, nunca me había parado a pensar en el funcionamiento de las editoriales, en su política de publicaciones o en las razones por las que un libro se publica - o se reedita - y otro no. Cuando quería un libro iba a la librería y lo compraba, sin más. A diferencia de lo que me sucede ahora, no me enojaba cuando veía que un buen libro estaba descatalogado o necesitado de una reedición urgente (muchas veces me lo compraba de segunda mano), ni cuando veía que se publicaban los bodrios que - por defirentes motivos editoriales - se publican hoy en día en España.
Desde que hago crítica literaria con regularidad mensual para la revista Ojos de Papel, eso ha cambiado. Mi contacto directo con el mundo editorial, con editores, jefes de prensa, directores de revistas, otros críticos literarios y, en fin, con toda la gente que se mueve alrededor del llamado "negocio editorial" ha hecho que mi relación con el libro haya cambiado mucho. Ahora sí que me enfado cuando veo que no se reedita un libro que - bajo mi subjetivo punto de vista - lo merece y me alegro igualmente más, cuando esto sí que sucede, como ocurre en el caso del libro del que quiero hablar. Este libro es el ensayo de la feminista norteamericana Betty Friedan, La mística de la feminidad, que acaban de reeditar Cátedra y PUV en su ya famosa colección "Feminismos".
Que la obra de Betty Friedan es un libro extraordinario y fundamental dentro de la historia de las mujeres y de la filosofía feminista, es algo que saben quienes han leído el libro o quienes conocen mínimamente la trayectoria del pensamiento feminista americano. Prueba del valor simbólico de la obra de Friedan, como me advertía el otro día vía correo la profesora y Catedrática de Filosofía en la UNED, Amelia Valcárcel, autora de la presentación del texto de Friedan en esta nueva edición, es el hecho de que que "Feminismos" lo haya elegido como el título que celebra los cien números de la colección (el número 50 fue El segundo sexo de Simone de Beauvoir).
Entrando ya en lo que me he planteado como función de esta entrada, explicar mi relación con este libro y con el hecho de su oportuna y feliz reedición, quiero decir varias cosas. En primer lugar, decir que descubrí a Betty Friedan, al igual que a María Lejárraga, en una asignatura sobre historia de las mujeres que cursé hace unos años en la facultad. El descubrimiento fue seguido de una pequeña labor de investigación e indagación acerca de esta mujer, para mí una total desconocida hasta entonces. Creo que fue al año siguiente cuando fotocopié el único ejemplar del libro en castellano que localicé en Valencia: un ejemplar de 1965 publicado por la extinta editorial catalana Sagitario; un ejemplar encuadernado en piel que yacía totalmente abandonado en la Biblioteca Pública de Valencia. Ese es el texto que todavía tengo fotocopiado y lleno de comentarios y subrayados. Luego me compré - de segunda mano - un ejemplar en catalán, en dos volúmenes publicados por Edicions 62 (traducidos, por cierto, por el recientemente desaparecido Jordi Solé Tura) y otro ejemplar en castellano que era el mismo que ya había leído, pero esta vez con sus cubiertas originales.
La lectura del libro de Friedan, que yo hice en la biblioteca de mi universidad, totalmente por libre y robando horas a mis horas de estudio, me confirmó que se trataba de un libro excelente, de un ensayo de sociología soberbio. Me gustó tanto que, por mi cuenta y riesgo, me decidí a escribir en ensayo en el que, por una parte quise plasmar mis impresiones de la lectura y, por otra, quise rendir un personal homenaje (como en ese artículo sobre Lejárraga que acaba de salir publicado) a una mujer con cuyo trabajo había disfrutado tantos buenos momentos de lectura. Aprovechando el primer aniversario de la muerte de Friedan, el ensayo fue publicado en catalán, en el número 25 de la revista L'Espill, y en castellano, en el número 177 de la revista Claves de Razón Práctica. Aunque es verdad que se me quedó alguna cosa por decir, lo más importante está en ese texto, sobre todo en lo que se refiere al propio contenido del libro.
Después de publicado el artículo, hice algunas gestiones, por entonces infructuosas, en pro de la reedición del libro. Hablé con mi antigua profesora Isabel Morant, directora precisamente de la colección "Feminismos" y con Antoni Furió, director de PUV y de la revista L'Espill. Aunque los dos se mostraron muy receptivos (la idea era volver a traducir el texto y escribir una nueva introducción más larga y actual, más para el lector del siglo XXI), la idea no terminó de cuajar, de materializarse en algo concreto. Un año después, propuse a una joven editorial madrileña la idea de esta reedición. En teoría la cosa era más o menos factible e, incluso, existía la posibilidad de que servidor se encargase de esa hipotética introducción. Sin embargo, la cosa fue por otros derroteros cuando descubrí que la todopoderosa Editorial Cátedra (todopoderosa en comparación con esta joven editorial) se había adelantado y ya estaba en pleno proceso de reedición del libro. Bueno, estas cosas pasan...
Al margen de esta intrahistoria editorial, debo agradecer a la Editorial Cátedra que me hayan enviado un ejemplar de esta nueva edición y, sobre todo, que se hayan decidido a reeditar un texto que a mí personalmente me trae buenos recuerdos. Si con mi artículo y con mi sugerencia ayudé en algo a tomar la decisión de reeditar el libro, mi alegría es todavía mayor. Por cierto, la reedición es exquisita, en tapa dura y letra grande, con la presentación de Amelia Valcárcel y con dos introducciones de la propia Friedan: la que escribió para el décimo aniversario de la primera publicación y otra que redactó en 1997. El único "pero" que yo le pondría es que el precio - 35 euros - me parece elevado y, ciertamente, prohibitivo para el bolsillo medio de un alumno universitario. Un clásico es un clásico y una buena edición es una buena edición; este volumen cumple las dos premisas. Ahora bien, quizá la Editorial Cátedra se debería replantear el volver al viejo formato de esta colección (tapas blandas y un tamaño menor) o bien, editar la mitad de la tirada en una edición de bolsillo más económica y accesible. Gastarse hoy en día 35 euros en un libro es algo que, desgraciadamente, mucha gente no se puede permitir y es una pena que la gente no lea más y no conozca obras como la de Friedan por no poder permitirse el comprarlas. Estas cosas, aunque algunas digan que son sólo excusas, también pasan.
- Francisco Fuster, "Betty Friedan. La mística de la feminidad" en Claves de Razón Práctica, nº 177, noviembre de 2007, pp. 79-82.

Acaba de salir a la venta el número 30 (otoño, 2009) de la revista Pasajes. Revista de Pensamiento Contemporáneo, que dirige el profesor Pedro Ruiz Torres y que coeditan PUV y la Fundación Cañada Blanch. El número incluye un interesante Dossier monográfico sobre la relación entre política y fotografía que ha coordinado el profesor Nicolás Sánchez Durá, además de la transcripción de una entrevista al fotógrafo Pierre Verger. En el apartado de "Temas", el número incluye la transcripción de una conferencia que dio Paul Preston en Valencia y un ensayo que escribí en su día sobre la feminista y socialista española, María Lejárraga. Por último, el número incluye una serie de reseñas de libros. Éste es el sumario: Editorial
POLÍTICAS DE LA IMAGEN FOTOGRÁFICA
- Adolfo Mignemi / Las imágenes de la guerra de liberación en italia. De fotografías a documentos históricos.
- Procopis Papastratis / Fotografía y política: Grecia 1940-1944.
- Heather Williams / Cuestionando la imagen. Yugoslavia durante la Segunda Guerra Mundial.
- Carine Peltier / De los usos de un corpus fotográfico. Del Sémiramis a su reproducción, 1892-2009.
- Hasan G. López Sanz / Confusión de géneros en las representaciones públicas de la alteridad cultural.
- Robert Martínez Canet / Fotografía, etnografía y cultura popular en Valencia (1900-1940).
- Jaume Peris Blanes / De la prueba documental a la evocación subjetiva. Usos de la fotografía en las publicaciones sobre la represión chilena.
ENTREVISTA - Pierre Verger entrevistado por Carles Solís. «Nunca tuve la sensación de trabajar...»
TEMAS - Paul Preston / El impacto de 1968 en España.
- Francisco Fuster / Socialismo y feminismo, la pedagogía de María Lejárraga.
LIBROS - Andrés Moya / Cultura: transitando hacia el adminículo imprescindible (Jesús Mosterín, La cultura humana).
- Emèrit Bono / Raíces de una crisis anunciada (Robert Brenner, Economía de la turbulencia global).
- Manuel E. Vázquez / En compañía del pensador (Heinrich W. Petzet, Encuentros y diálogos con Martin Heidegger, 1929-1976).
- María Antonia García de León / Para la construcción de unas memorias contemporáneas de género (Carmen Martínez Ten y otras, El movimiento feminista en España en los años 70).
- Olivia Blanco / No toméis el nombre del feminismo en vano (Amelia Valcárcel, Feminismo en el mundo global). La revista se puede adquirir aquí.
Dice un amigo mío, compañero de los tiempos en los que los dos fuimos camareros, que el Lambrusco, ese caldo espumoso producido en el norte de Italia y que tanto gusta de ingerir a algunos, es el vino para los que no saben de vinos, para aquellos a quienes, en realidad, no les gusta beber vino. Argumentaba mi amigo que esa bebida espumosa era algo tan light y descafeinado, tan artificioso y profano, que no era merecedor de la etiqueta de "Vino" en mayúsculas. Por eso consideraba mi compañero de fatigas de fin de semana que comerse un plato de paella o un trozo de merluza a la plancha acompañado de un vaso de Lambrusco era un auténtico atentado contra la razón y la decencia, un sacrilegio.
Me viene a la mente esta reflexión enológica en el momento de hablar de un autor, el científico social Karl Polanyi, cuya postura y metodología respecto a la ortodoxia de la teoría económica es, hasta cierto punto, similar a la de la citada bebida. En cierta forma y salvando las distancias, se puede decir que, por las peculiaridades de su metodología de trabajo, la teoría económica de Polanyi es la economía para aquellos a los que no les gusta la economía, en el sentido más ortodoxo y aburrido de la palabra. Me explico. En sus libros sobre teoría económica, Polanyi elabora unos análisis en los que combina magistralmente enfoques y disciplinas que no suelen darse cita en los trabajos de otros muchos economistas. Aquellos que hayan leído algún texto suyo sabrán de lo que hablo. En Polanyi, el análisis y la reflexión de las variables que hoy llamaríamos estrictamente económicas, suele ir enriquecido y complementado con las aportaciones de disciplinas del saber como la Historia, la Sociología y, sobre todo, la Antropología. Este enfoque interdisciplinario, unido a un estilo sencillo y una prosa inteligible (lo cual ya es de agradecer en un economista), privada de esos cuadros, gráficos y estadísticas que suelen disgustar al lector profano, hacen de los libros de Polanyi una magnífica opción para aquellos lectores que quieran acercarse por primera vez al siempre interesante mundo del pensamiento económico clásico.
Polanyi es mundialmente conocido por su obra publicada en 1944, La gran transformación. Crítica del liberalismo económico. Como es bien sabido, lo que aborda el autor en este estudio es la gran transformación que supuso para Inglaterra y para toda Europa, la consolidación del capitalismo como sistema económico predominante. Polanyi intentaba demostrar allí cómo la lógica del libre mercado había conseguido reducir todos los factores que intervienen en las relaciones económicas a la simple categoría de mercancía, de tal forma que los elementos llamados "extramercantiles" (religiosos, sociales, antropológicos) de esos factores habían sido absorbidos por una esfera económica omnipotente, capaz de independizar lo puramente mercantil del resto de sus vertientes.
Esta misma línea de análisis es la que sigue Polanyi en El sustento del hombre (1977), la otra gran obra de Polanyi, rescatada del olvido una vez más gracias a la Editorial Capitán Swing Libros, que continúa con su labor de ir ofreciendo al público lector en español, una serie de ensayos y textos clásicos como éste, inaccesibles hasta la fecha. El sustento del hombre es lo que se llama una obra póstuma, una antología de textos que han formado un todo sólo después de la desaparición de su autor. Fue al jubilarse como profesor de la Universidad de Columbia cuando Polanyi recibe una beca de la Fundación Ford para el estudio de la economía de las sociedades de Mundo Antiguo. Fruto de este trabajo de Polanyi fue la obra Comercio y mercado en los imperios antiguos (1957), escrita en colaboración con otros dos autores. Tras la muerte de Polanyi, uno de esos coautores, Harry Pearson, tuvo a bien el recopilar los viejos apuntes usados por Polanyi para sus clases y una serie de textos inéditos que, juntos y ordenados, dieron como resultado el libro que ahora publica Capitán Swing, en una cuidada edición precedida por una presentación de César Rendueles y por un prólogo del propio Polanyi.
En El sustento del hombre analiza Polanyi las economías primitivas y precapitalistas del Mundo Antiguo (con una dedicación especial a la Antigua Grecia), poniendo un especial énfasis en una de las cuestiones que más le obsesionaron: lo inadecuado de aplicar los conceptos y paradigmas económicos modernos a la hora de explicar el funcionamiento de economías regidas por valores totalmente distintos a los actuales.
En este sentido, creo que la oportunidad de esta publicación es poco discutible. En estos momentos de crisis económica y del debate en torno a la naturaleza del capitalismo y la idoneidad de la "economía de mercado" como sistema económico posible, la lectura del texto de Polanyi y la frescura de sus planteamientos, nos pueden servir para darnos cuenta de que, a veces, para salir de un crisis actual no está demás echar una ojeada al pasado, aunque sea al pasado más antiguo, a ese Próximo Oriente que en su día fue, por mucho que nos cueste creer viendo en lo que se ha convertido ahora, cuna de la Civilización.
Leo por tercera vez en veinte días el nuevo poemario de Juan Planas Bennásar, Tratado de las cosas sin nombre (Calima Ediciones, 2009). Lo leo después de haber disfrutado este pasado verano con la lectura de otros libros de Juan Planas y después de haber asistido a la presentación de este último poemario en Valencia, hace tan sólo unos días.
Como dije aquí mismo, hablando de El bálsamo de la indiferencia (Calima Ediciones, 2008), por mi condición de historiador y de crítico literario dedicado sobre todo al género ensayístico, la cantidad de poemarios que integran mi régimen personal de lecturas suele ser bastante magra. No quiero decir con esto que los historiadores no lean poesía; quiero decir que en mi caso, mis obligaciones lectoras me alejan de un género al que últimamente, sólo acudo - menos mal - movido por el sincero interés en conocer la voz poética de distintos amigos que todavía alimentan esa parte de mi cerebro que, de otra forma, hace ya tiempo que estaría atrofiada u ocupada en otros menesteres, sin duda menos elevados.
Dicho esto, quiero decir seguidamente que lo primero que me ha llamado la atención de este Tratado de las cosas sin nombre es su marcado perfil autobiográfico y su decidido tono íntimo y personal. Como no oculta el autor en algún momento del libro, este poemario culmina de alguna forma a los que le precedieron, cerrando así un ciclo si no vital, si al menos creativo. Como evidencian unos versos indicativos, se impone un repaso del camino recorrido, un recuento de lo vivido: "Es la hora del recuento en las alforjas / del vacío inventario del vacío. La fiebre / que me venció en Paris o la melancolía / de las aves cruzando Hyde Park [Aquí los nombres / son sólo parte del paisaje y de los estado de ánimo, / un lugar transitorio como la soledad perenne] El sexo / más allá del hastío en Valencia. Las miradas de amor / naufragando en los muelles de Barcelona. El refugio / ficticio en Palma y el hábito de hurgar en las grietas / cómplices de Babel: el error subterráneo de las religiones / y las ciencias".
En esta clave autobiográfica es como también entiendo la multitud de voces presentes entre los versos de este gran poema. Dando en parte la razón a Harold Bloom y a su teoría sobre la ansiedad de la influencia, en el poemario de Planas adivino esas voces de los grandes poetas que pesan cual espada de Damocles; voces que hacen inútil la lucha de todo poeta por desembarazarse de su presencia, de su alargada sombra. En este Tratado no hay, como nos recuerda el autor en su nota final, ninguna instrucción de lectura. No está el protocolario exergo inicial, ni las citas llamadas "de autoridad". Sin embargo, el poema en sí es un ejercicio de polifonía bajtiniana en el que el lector avezado puede entrever muchas caras familiares, muchas referencias veladas a ese "colegio invisible" de cuya maestría es en parte deudora la poesía de Planas.
Por debajo de esta pátina autobiográfica, o quizá por encima, se encuentra la que es sin duda, la lucha fundamental emprendida por el autor en estas páginas; esa lucha, esa pugna denodada no es otra que la de tratar de domesticar el lenguaje, de someter la realidad: "Intentamos domar el lenguaje y así el mundo". Esta tarea que se impone el poeta es, sin embargo, una misión imposible, una lucha quimérica porque, como se resigna Planas: "el mundo es enorme y las palabras / son ajenas a la verdad, salvo si la inventan". La poesía deviene entonces una mera tentativa, un intento del lenguaje por aprehender el mundo y por capturar una realidad construida por esas cosas que no tienen ni pueden tener nombre.
Esa misma incapacidad del lenguaje es en el poema de Planas nuestra incapacidad para hacer nuestro el mundo y para poseer todo aquello que, irremisiblemente, se nos escapa: "Todo nos pertenece / pero no es nuestro. Lo palpamos ajeno y distante, ártico y ensimismado". En estas condiciones, cada segundo, cada milésima ganada, es un triunfo contra la tiranía del tiempo, un robo justificado: "El tiempo nos arrienda los instantes. Se los robamos". En esta lucha titánica del hombre contra lo efímero del tiempo, contra lo arbitrario de la existencia, "un instante apresado es un lunar indeleble", una victoria parcial que presagia la derrota final y definitiva.
Ese es para mí el sentido de este Tratado de la cosas sin nombre elaborado por Juan Planas. Como dije en la presentación del libro, ya desde el mismo título se percibe un lejano pero innegable "aire de familia", nunca mejor dicho, entre el tratado de Planas y el archicitado Tractatus de Wittgenstein. Simplificándolo mucho, es verdad que poeta y filósofo vienen a coincidir en lo fundamental: hay ciertas cosas - esas cosas sin nombre -, ciertos lugares, a los que el lenguaje es incapaz de llegar. No hay manera. Sólo nos queda resignarnos o, como nos dice Juan Planas, segur intentándolo por siempre, sin cesar en un empeño que, aun sabiendo estéril, nos resulta inexcusable: "Nos queda / el desafío permanente y obsesivo / de hurgar en el verbo para hallarle / un nuevo nombre al reino desprendido / de las cosas".
- Fragmentos de Tratado de las cosas sin nombre (Calima, 2009), de Juan Planas Bennásar, en Ojos de Papel, noviembre de 2009 [aquí].